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América Latina en el contexto del 2.0

BY Diego Beas | Friday, October 8 2010

Hace unas semanas me contactó Pablo Gámez de Radio Nederland. Sostuvimos una larga charla sobre el contexto latinoamericano y cómo se está adapatando —o dejando de adapatar— a los cambios tecnológicos provocados por las tecnologías de la información. A continuación una versión editada de la charla.

Pablo Gámez: ¿Por qué hablar en términos de un nuevo ecosistema de la información?

Diego Beas: Las tecnologías de la información, en los últimos años, han cambiado de una manera radical la forma en que la ciudadanía y el gobierno interactúan. Se está creando una nueva esfera pública en la que los flujos de la información simplemente han cambiado. Los medios masivos de comunicación se han atomizado, hay ahora canales de características y formas que permiten distribuir información de una manera distinta, creando un ambiente en donde las dinámicas anteriores, controladas de manera vertical por los medios de comunicación, dan paso a un modelo que aún no aclara sus dinámicas, pero que sí está rompiendo el yugo que solían tener los medios tradicionales en el cómo se distribuyen los tiempos y las formas de la información. Aquí hablamos de información cotidiana sin mayor importancia sobre temas intrascendentes de gobierno, hasta los temas más importantes y de mayor relevancia.

Pablo Gámez: ¿Existen estas nuevas plataformas en América Latina, o es un fenómeno limitado al mundo anglosajón?
Diego Beas: No lo limitaría al mundo anglosajón, tampoco lo dividiría de esa forma. Sin embargo, es cierto que en el caso de América Latina hay diferencias importantes. Por ejemplo, no se ven las mismas dinámicas que están surgiendo en Estados Unidos y otros países de Asia y Europa, incluyendo a España. No es tampoco un fenómeno propiamente anglosajón, pero si me detengo en el caso de América Latina veo un rezago muy claro en cuanto a la adopción de estas tecnologías y en la forma en que la ciudadanía y los medios de comunicación están cambiando esas prácticas. La adopción es más lenta y distinta en el caso latinoamericano.

Pablo Gámez: ¿ Qué elementos explican este rezago?
Diego Beas: Hay muchas explicaciones sobre las cuales nos podemos extender. Me detengo en la más básica: el rezago ante la primera ola tecnológica acontecida con la revolución de las infraestructuras digitales a partir de los años setenta del siglo pasado. América Latina no adaptó, a diferencia de otras regiones del mundo, sus infraestructuras básicas: acceso a computadoras, teléfonos móviles, acceso a la banda ancha. Fíjese: Latinoamérica tiene índices de adopción de banda ancha similares a los de África. Esta adopción rezagada tiene una serie de implicaciones muy claras. Otro tema es que toda esta tecnología y su adopción depende de otros países. Con la excepción de Brasil, no hay ninguna otra nación que tenga la capacidad propia de crear esta tecnología, de invertir en el desarrollo de las mismas. Entonces se ha creado una dependencia importante que tiene implicaciones muy fuertes. Por otra parte estás las costumbres, las prácticas tanto del gobierno como de la ciudadanía. Es decir, cómo han afectado esas costumbres a la forma en que se distribuye la información, cómo participa la ciudadanía y cómo se involucra, son zonas importantes y al mismo tiempo distintas a la de Estados Unidos o Europa.

Pablo Gámez: ¿ Este nuevo ecosistema de la información podría ser la piedra de toque para el poderoso esquema del latifundio de la información y mediático presente en América Latina?
Diego Baes: Podría serlo o no. En el caso de América Latina como en China, Irán o Cuba, las tecnologías de la información, por sí mismas, no son necesariamente una cosa positiva. Por sí mismas son simples herramientas que permiten hacer ciertas cosas, pero no alientan o desarrollan determinadas prácticas en su uso. América Latina se encuentra en un momento en el que claramente el desarrollo de estas tecnologías, y su uso, se puede inclinar tanto en un sentido positivo como en uno negativo. Quiero decir que así como en Estados Unidos, hoy en día, se está utilizando Internet –como nunca antes se había hecho– para intentar abrir el gobierno, para hacerlo más transparente, para lograr mecanismos de rendición de cuentas más robustos, en América Latina – como en el caso de China—se podría utilizar para controlar más a la ciudadanía o para afianzar a los medios de comunicación tradicionales; para una cantidad de prácticas que en estos momentos, incluso, no son previsibles. No lo asumiría como algo que se dará en un sentido necesariamente positivo, mucho menos cuando no existe detrás, especialmente desde los gobiernos de la región, la visión de que estas tecnologías aportarán algo positivo al conjunto de la ciudadanía.

Pablo Gámez: Siguiendo esta línea de análisis, un latifundio de la información empieza a definirse por el control de la forma y los tiempos en los que se distribuye la información, y a partir de esto la realidad que se quiere construir sobre los elementos que la acabo de mencionar. ¿ No puede conducir este nuevo ecosistema a que se profundice, aún más, el latifundio de la información en América Latina?
Diego Beas: Es perfectamente posible. Las tecnologías de la información, las herramientas disponibles en ciertos países, en ciertas sociedades, podrían tener como efecto primario afianzar tanto el control de la información como aquellos actores que tradicionalmente la han controlado. El ejemplo más claro es el de China y de cómo está utilizando Internet de una manera estratégica, cautelosa, con una serie de controles que por el momento buscan mantener ese status quo: no ceder ningún terreno a diferentes actores, tanto del propio régimen como del país. Y no dejar que surjan nuevas voces y esquemas, un nuevo ecosistema que cambie la dinámica del poder. Vemos que es algo que sucede lentamente en países occidentales. Pero algunos países de América Latina corren el riesgo de entrar en esquemas que no permitan quebrar las estructuras del latifundio de la información, incluso puede llegar a reforzarlos. Es algo que veremos caso por caso, no es posible generalizar.

Pablo Gámez: ¿Lo que ha sucedido a partir de la revelación de los papeles sobre Afganistán a través de la plataforma Wikileaks, certifica la pérdida de esa centralidad tan exclusiva, tan propia que reconocíamos en los medios de comunicación clásicos?
Diego Beas: El caso de WikiLeaks y esta última revelación ( los papeles sobre Afganistán ) muestran varias cosas. En este caso específico, que hay una dinámica de informantes del ejército estadounidense que conocen una plataforma como WikiLeaks y están dispuestos a utilizarla. En sí mismo es algo muy importante, porque significa que hay alguien dentro de las instituciones que tiene el conocimiento, sabe de la plataforma y sabe que representa, por muchas razones, una ventaja haber filtrado esa información a un medio tradicional. Eso, en sí mismo, habla de la creación de una infraestructura cívica digital, es decir, no solamente son las plataformas sino la ciudadanía interactuando con ellas, o el ejército o el gobierno. En el caso de WikiLeaks, ese es el primer elemento: el soldado que filtra los documentos por razones personales y de otra índole, se los pasa a una web que tiene la capacidad, tanto técnica como de un cierto análisis ( para saber que son veraces ). Aquí está el segundo elemento interesante: lo que hace WikiLeaks al adelantar los papeles a tres periódicos, The New York Times, The Guardian y Der Spiegel, utilizando a estos medios de comunicación. Estos periódicos hicieron un trabajo muy arduo, difícil, de interpretar la información, de verificarla y de señalar aquellas partes más importantes; un trabajo que WikiLeaks no hubiera podido hacer por sí mismo. Lo que estamos viendo son nuevos factores en surgimiento, actores que tienen la capacidad de hacer a un lado los medios de comunicación tradicionales. De lo que se trata, si se quiere, es de jugar con ellos, utilizarlos como un elemento en su estrategia. En abril, WikiLeaks filtró un video titulado Colateral Damage, de unos 20 minutos y lo hizo sin utilizar ningún medio de comunicación. La imagen, el documento, era muy explícito. WikiLeaks jamás necesitó a ningún medio de comunicación para hacer este juego que organizó con los papeles de Afganistán. El video en Youtube alcanzó seis millones de visitas, siendo también reproducido por las televisiones de todo el planeta. Aquí se está creando una nueva forma de informar e interactuar con la información, rompiendo con todos los esquemas anteriores.

Pablo Gámez: ¿Dentro de este rompimiento de esquemas, es necesariamente infiltrar sinónimo de informar?
Diego Beas: No. Definitivamente no es así la ecuación. Veremos cada vez más un mundo saturado de información y datos, y habrá cada vez más nuevas formas que convertirán esos datos en información. Hay un reto muy importante tanto para los medios de comunicación actuales como para el conjunto de la ciudadanía, es decir, la forma de entender y procesar información va a cambiar a esquemas basados principalmente en información en bruto. Por ejemplo: estos documentos sobre Afganistán permitieron desarrollar una serie de informaciones en webs especializadas en temas de guerra. Permitieron dibujar mapas, representaciones gráficas de las zonas que registran más ataques, más muertes de civiles, más muertes de militares, esto es ya una transformación de la infiltración de esos datos. En ese proceso hay un reto de saber contar aquellas cosas que se filtren o que los mismos gobiernos recaben.

Pablo Gámez: ¿Esta vuelta a la información en bruto es una respuesta lógica a un mundo globalizado y sobreinformado?
Diego Beas: Lo estamos viendo por primera vez. Es la consecuencia lógica de un mundo cuyo funcionamiento se está basando en las tecnologías de la información. Muchos aspectos de los quehaceres humanos se procesan a través de bits y hay mucha más capacidad para registrar todo tipo de datos e información. Lo que está cambiando es eso, y eso está afectando la forma en la que nos informamos.

Pablo Gámez: ¿ Esta combinación de redes sociales, Internet, de difusión sin límites de información a través de plataformas tipo WikiLeaks nos conduce al imperativo de ese complejo término y panorama que es la gobernanza de la información?
Diego Beas: Especialmente las redes sociales, Internet, WikiLeaks son por ahora herramientas que permiten una nueva forma de informar y de interactuar entre la realidad y lo que sucede entre la ciudadanía, gobiernos y diferentes actores sociales. Si eso nos lleva tanto a la gobernanza de la información, o incluso un paso más allá, a sociedades informadas más capaces de participar en procesos democráticos robustos, es algo que todavía falta bastante por verlo. Estas herramientas facilitan una forma de interacción democrática muy distinta, con cualidades mejores de las que existían hasta hace unos años, pero no es una cosa automática que suceda simplemente porque exista Internet o las redes sociales. Una parte importante que definirá el desarrollo de este siglo va a ser la diferencia entre aquellos países que sepan adoptar estos esquemas, que sepan utilizarlos para incrustarlos de alguna manera en su discurso cívico, y aquellos países que no lo sepan hacer. Esto generará un rezago aun mayor. Lo pienso a veces en términos de lo que significó la Revolución Industrial para ciertos países, contra otros que simplemente se rezagaron por la incapacidad de adoptar estos esquemas. Creo que está surgiendo una nueva oportunidad o momento en que habrá una distinción muy clara entre las sociedades que los sepan hacer y aquellas que no lo hagan, sea porque no lo saben utilizar o porque lo aplican para fines de otro tipo.

Pablo Gámez: ¿Pero en lo fundamental usted se inclina a decir que la ecuación va a ser favorable para la democracia?
Diego Beas: Va a ser favorable para aquellos países y sociedades que crean en los valores democráticos. Detrás de todo esto hay una parte muy importante: esos valores no se van a generar por las tecnologías. Las tecnologías de la información son simples herramientas, insisto, si no hay detrás instituciones, sistemas políticos, la misma materia cívica que se crea en estos valores no necesariamente conducirá por ese camino. Especialmente ahora, cuando hay tanta euforia de parte de los gobiernos de los políticos de adoptar tecnologías de este tipo y que las tecnologías se encargarán de todo, es un paradigma muy falso.

Pablo Gámez: Nos enfrentamos ante estructuras informativas sin estado, lo que se conoce como stateless, que utilizan la anonimidad para dar a conocer información. A partir de todas estas sumas podríamos enfrentarnos a información, datos que no necesariamente serán distribuidos por grupos democráticos, sino por el crimen organizado. ¿Hay forma de enfrentar esto?
Diego Beas: Por lo menos ahora no hay una respuesta clara a esta pregunta. La respuesta cambia de país a país. En el caso de América Latina creo que es una región, como decía, que corre el riesgo de que se pueda generar todo tipo de movimientos, corrientes “paraestatales”. En aquellos países donde el Estado ha sido capaz de abarcar las áreas que le competen se puede fortalecer, pero aquellos países donde el Estado no ha sido capaz a lo largo de las últimas décadas de hacerlo, existe el riesgo de que se creen todo tipo de organizaciones, corrientes o movimientos que funcionen al margen del Estado y que la participación del Estado sea cada vez menor. Esa falta de eficacia del Estado se pasa a estas nuevas áreas que se están creando vía Internet. Y aquí podemos incluir a grupos terroristas. En el caso Latinoamericano será más el crimen organizado. El narcotráfico en México ya ha utilizado la infraestructura de Internet para todo tipo de fines, y el Estado mexicano no tiene ninguna capacidad de controlar. Si se pretende combatir ciertas formas de comunicación que está utilizando el narcotráfico, se tendría que recurrir a Google, Youtube o a compañías en Estados Unidos. Y estas compañías están teniendo más información, más capacidad de actuar en ciertos rubros que los propios Estados. Lo peor del caso: las autoridades de la región no parecen entender el nuevo paradigma que está surgiendo. Van rezagados diez o quince años en los efectos que esta información ya está teniendo.