Personal Democracy Plus Our premium content network. LEARN MORE You are not logged in. LOG IN NOW >

¿Y dónde se ubica América Latina?

BY Diego Beas | Tuesday, September 28 2010

«En 2015, 3.500 millones de personas —es decir, la mitad de la humanidad—, tendrán acceso a Internet. Será la mayor revolución que haya conocido la libertad de comunicación y expresión. ¿Pero cómo se usará este nuevo medio? ¿Qué meandros, qué nuevos obstáculos pondrán los enemigos de Internet?».

Las preguntas las formula Bernard Kouchner, el político francés cofundador de Médicos sin Fronteras convertido en ministro de Exteriores. Algo debe saber sobre los efectos de la masificación sin fronteras de herramientas de comunicación que están transformando la manera en que las personas y los gobiernos interactúan, se comunican y organizan. Kouchner pone el dedo en la llaga al preguntarse cómo se usará este nuevo medio. La respuesta no es tan obvia como la pregunta. Las posibilidades son amplias y de naturaleza muy diversa. Así como Internet ayudó a aupar al primer presidente negro de Estados Unidos o contribuyó decisivamente en el rescate después del devastador sismo en Haití en enero de 2010, también ha sido utilizado por el régimen chino para perseguir, encarcelar e incluso condenar a muerte a disidentes políticos. Del mismo modo que se ha convertido en una de las pocas vías de comunicación con las que cuenta la oposición cubana, también es la vía mediante la cual diversos gobiernos, de Canberra a Madrid y de Roma a Caracas, utilizan la red para ejercer diversos niveles de control sobre sus ciudadanos y las actividades que desarrollan en el mundo virtual.

«No es capitalista, no es socialista, todo depende de cómo se utilice», dijo Hugo Chávez de la red. Un líder que no siempre se ha mostrado a favor de la libertad de expresión y del flujo libre de información. «A las democracias les es muy difícil controlarlo todo —dice Kouchner—, yo no comparto la ingenua opinión de que, por naturaleza, una nueva tecnología —por potente que sea— hace progresar necesariamente la libertad». Depende. Todo depende.

Tanto Kouchner como Chávez tienen claro el quid de la cuestión: la diferencia está en cómo se utiliza. Desde ópticas distintas —incluso opuestas— la conclusión es la misma. Tanto para el Estado liberal moderno como para los regímenes autoritarios —y aprendices de dictador—, la cuestión está en cómo se emplea la potentísima herramienta de comunicación en la que se ha convertido Internet. ¿Censura, fustigación, vigilancia estatal, control de la oposición, educación, empoderamiento ciudadano, circulación libre de información o mayor eficacia en las instituciones y procesos de gobierno? Un amplio rango de posibilidades hacia las que se pueden inclinar las oportunidades abiertas por las tecnologías de la información. Evgeny Morozov, académico y escritor bielorruso, estudioso del fenómeno, habla de la indudable creación de una «infraestructura cívica digital». Herramientas que permiten acceder y distribuir información de maneras muy diferentes a las conocidas hasta ahora y que alteran la dinámica de la participación ciudadana. Para Morozov las oportunidades son tan grandes como los riesgos. La nueva infraestructura se puede utilizar tanto para el fortalecimiento democrático como para el afianzamiento autoritario. En un texto de finales de 2009 titulado How dictators watch us on the web, utiliza el ejemplo de la Hermandad Musulmana en Egipto. Se trata de una fuerza política integrista, dice Morozov, «con la capacidad de impartirle a Hosni Mubarak una lección sobre participación cívica». Tiene una envidiable presencia digital y una estrategia de uso de Internet sofisticada que ya querrían muchos gobiernos.

Entre otras cosas, lo utilizan para hacer campaña con el fin de poner en libertad a activistas políticos en prisión. «A los gobiernos Occidentales —advierte Morozov— no les deberá sorprender que grupos como éste se conviertan en la voz más escuchada de la esfera digital; son increíblemente populares y, con frecuencia, se les niega un espacio en la esfera pública tradicional». Y hace la siguiente observación: «El mayor atractivo de las redes sociales —anonimato, viralidad, interconexión— es también su mayor debilidad». Nos encontramos, en otras palabras, al comienzo de una lucha de los poderes fácticos por apropiarse de las herramientas, el discurso y el know how de la era digital.

¿Y dónde se ubica América Latina en la encrucijada del tránsito hacia modelos políticos abiertos, transparentes y con mecanismos de rendición de cuentas más eficaces y robustos? Mal parada, tengo que decir. No sólo con un importante rezago en la adopción de la primera ola de innovación tecnológica surgida de la revolución digital del último cuarto de siglo —la de las infraestructuras, los dispositivos y las nuevas herramientas y métodos de generación de riqueza—, sino también, mal posicionada para absorber y adoptar la segunda ola que ya ha comenzado a impactar el desarrollo de los países: la de la eficacia en el gobierno, las prácticas políticas y la participación ciudadana. Aquí también el conjunto de la región —al margen de contadas excepciones— se encuentra particularmente mal ubicada para adentrarse en una era en la que está cambiando la forma en la que operan y se entienden las relaciones entre ciudadanía y gobierno.

La suma del rezago de la primera ola de innovación junto con culturas políticas opacas, acomodaticias y de naturaleza marcadamente vertical, harán difícil la adopción de modelos que son exitosos precisamente en los esquemas opuestos —donde existe y se cree en la rendición de cuentas, la transparencia como valor político y en la participación ciudadana como clave de una democracia vigorosa—. Es decir, todos aquellos que piensan que las tecnologías de la información son un elixir que por sí mismo apuntalará la gobernabilidad y fortalecerá las instituciones, se llevarán una sorpresa. El potencial de esta transformación se ubica en la capacidad de fortalecer valores en los que se creía y por los que se luchaba con anterioridad a la llegada de estos cambios; lo único que están haciendo las tecnologías de la información es dotando de herramientas que facilitan ciertas tareas y abren nuevos espacios que hasta hace muy poco resultaban impensables. Pero lo que definitivamente no hacen es crear o implantar esos valores.

A ello hay que sumar otro reto: el de la confianza en las instituciones. Una buena parte del éxito de iniciativas como la apertura de datos públicos en países como Estados Unidos o el Reino Unido se debe a que se están haciendo de la mano de las instituciones; más aún, son cambios impulsados desde las propias instituciones. ¿Cómo enfrentar el desafío en países en los que la confianza en éstas se ubica por los suelos? Un reto de dimensiones mucho mayores a las que actualmente se consideran.

Por ahora, lo que ha surgido en este respecto de América Latina se puede englobar en dos rubros: la utilización de las tecnologías de la información en la política electoral —candidatos a cargos públicos—; y un mayor activismo en entornos muy específicos de ciudadanos informados que pueden ver el potencial de las redes. En el primer rubro, América Latina está muy lejos de atestiguar cómo se utilizan estas nuevas herramientas para empoderar verdaderamente a un movimiento ciudadano. Lo que hemos visto hasta ahora se enmarca en el uso cosmético de los nuevos canales con el único propósito de ser identificados con una vanguardia; ser participes de la moda en boga y no dejar que el tema se convierta en un elemento que juegue en su contra. Pero de innovación cívica verdadera tienen muy poco. Y es allí justamente donde se ubica la encrucijada para el continente: ¿cómo devolver poder al ciudadano en sistemas políticos que históricamente no han creído en el poder ciudadano? O, peor aún, en el concepto mismo de ciudadanía; en sistemas en los que hasta hoy día existen graves problemas para garantizar derechos ciudadanos elementales; los de primera generación. Así, un enorme obstáculo para América Latina en esta transformación será su propia clase política: tozuda y obstinada, antimoderna por definición.

En el segundo rubro, el que podríamos denominar el de los activistas digitales, el escollo es la propia dimensión del reto. Si bien se han conseguido algunas victorias a nivel parlamentario en temas importantes vía la utilización de las redes, el hándicap que significa no contar con el apoyo del Estado para la construcción de estos espacios impedirá seguir el paso. No basta, en pocas palabras, con hacer activismo en la red. Es una cuestión, sencillamente, de dimensión y calado. De capacidad de articulación. Y, aquí también, nos encontramos nuevamente con países desarticulados política, social y económicamente. En el caso de América Latina, vale la pena pensar en cómo utilizar el poder de las redes, mucho antes que para proyectos fastuosos de Open Government y grandes transformaciones institucionales, para un propósito mucho más elemental. La articulación de sus bases. La nueva esfera pública que emerge en algunos países de otras latitudes es producto de la combinación de un sólido cimiento de derechos ciudadanos elementales potenciados por otros de última generación que en parte son posibles debido al poder de las tecnologías de la información. No a la inversa.

News Briefs

RSS Feed tuesday >

First POST: Sad Reality

How social media changed the course of the Ferguson story; Ready for Hillary's 3-million-member email list; why Mark Cuban opposes net neutrality rules; and much, much more. GO

monday >

First POST: All Against All

Why Uber isn't "the future" of cities; why journalists lost control of journalism; how Sean Parker is spending his political money; and much, much more. GO

friday >

First POST: Power Frames

The differences between "old power" and "new power"; Uber as a new/old power hybrid; debating Clay Shirky's feminist cred; and much, much more. GO

thursday >

First POST: Creeping

Senator Al Franken's tough questions for Uber's CEO; how the NSA could make its phone metadata program permanent; global privacy groups launch a personal spyware catcher called Detekt; and much, much more. GO

Recreation.gov and other Govt Projects Move Toward Embracing New Digital Approach

A draft request for proposals for the revamping of Recreation.gov will include a requirement that reservation availability data be publicly accessible and that all proposals detail how they will enable third-party sales, as two members of the United States Digital Services have joined the government team overseeing the RFP, meeting some key demands of civic technologists and consumer oriented technology companies. GO

More